Conversamos con el director de Sudor Frío, la película de horror que marca un antes y un después en el género en la Argentina. Un diálogo reflexivo sobre el rol de la crítica, el público y las acciones para llevar a la pantalla grande un producto pensado en la periferia de la industria.
¿Qué querías contar en Sudor Frío?
La idea siempre fue poder contar una historia simple que pudiera tener la estructura de una película de horror clásica, pero con un contexto muy fuerte para poder anclarla en la realidad contemporánea de nuestro país.
¿Cómo fue la experiencia de cruce entre las dos productoras (Pampa y Paura)?
Muy satisfactoria. Fue un cruce raro y provechoso para ambas partes. Pampa nos brindo su jerarquía y experiencia y nosotros aportamos las herramientas y el conocimiento de un género del que somos muy estudiosos. Además, luego de haber producido 5 largometrajes desde la independencia pura, sabemos como sacarle provecho a las herramientas mínimas y a presupuestos acotados.
¿Cumplieron sus expectativas?
La verdad que si. Logramos cumplir el sueño de estrenar una película de género en Argentina, después de muchísimo tiempo sin que esto se diera y además logramos captar la atención de cerca de 90 mil personas que acompañaron sus proyecciones en sala. Esto, si tenemos en cuenta los números anuales de espectadores que van a las salas a ver películas argentinas, es un hecho inédito para una película tan chica como la nuestra. Ahora comenzaron a llegar las primeras críticas americanas de la película y por suerte todas han sido muy elogiosas. Creo que todo el desconocimiento y la falta de interés que demuestran todo el tiempo los críticos nacionales, queda olvidada a raíz de recibir reseñas de gente que realmente está capacitada para evaluar los valores artísticos y técnicos de una película de horror.
¿Cómo vieron la repercusión del público?
Sabíamos que una película de horror que funciona, polariza al público y a la crítica. Por suerte esto es lo que pasó con Sudor Frío. Tanto la crítica como el público está dividido. Hay gente que la ama y gente que la odia. En este género los grises son malos. Por suerte logramos instalar una discusión en el marco de una cinematografía que adolece de historias y que ha relegado géneros a lo largo de su historia. Ojalá este sea un buen punto de partida para que cada vez mas películas de diferentes géneros se estrenen de manera comercial en nuestro país.
¿Qué es lo qué más te gusta del género de horror?
La posibilidad de tocar ciertos temas que a otros géneros les son ajenos o que son muy difíciles de abordar desde otra óptica. Además la posibilidad de pensar películas que sean catárticas. El género es muy lúdico y más allá de tener que seguir ciertas reglas, da posibilidades ilimitadas para poder lograr que el espectador se identifique y se estremezca frente a una pantalla de cine.
Una película de ese género que hayas visto de niño y marcó un antes y un después para vos.
“Noche de Brujas” de John Carpenter. La ví de muy chico y recuerdo pasar varios días con la película dando vueltas en mi cabeza. Aun de tanto en tanto la reviso. No creo que haya envejecido nada con el paso del tiempo. Es un clásico.
¿Cómo ves el cine de horror en Argentina?
Hay muchísimos grupos que vienen trabajando hace años con presupuestos inexistentes, con muchas energías y exprimiendo cada centavo a base de creatividad y empuje. Creo que a partir de este año las cosas van a cambiar en la escena del cine nacional, ya que hay muchos de estos grupos que han logrado tener apoyo estatal y verán plasmadas sus historias en los cines comerciales de nuestro país. Creo que a partir de la producción sistemática de productos ligados al género, el público nacional verá cada vez con mejores ojos que lleguen películas nacionales a cubrir la cuota de horror en pantalla.
¿Cómo ves el cine de horror en Argentina?
Lo veo muy bien. Lo mejor es la identidad que tiene. Las temáticas son propias y la mayoría de los directores buscan contextualizar sus películas y sus personajes para lograr que el público se identifique. Lo peor, la autoindulgencia. Creo que a veces los realizadores ven con mala cara la profesionalización de sus productos, creyendo que se puede producir toda la vida sin aspirar a que sus películas sean vistas por cada vez más cantidad de gente. Hay mucho recelo con lo industrial.
¿Por qué crees que el género de horror no llega a las salas de cine?
Por miedo de los productores nacionales y por cierta comodidad por parte de los realizadores que eligen buscar temáticas y géneros más amable y con menos riesgo a la hora de ser criticados.
¿Cómo encararon la difusión? ¿Cuánto apostaron a Internet?
Desde el inicio allá por el 1999, sabíamos que con la aparición de Internet, debíamos utilizar las herramientas que teníamos a la mano para difundir nuestro trabajo casi de una manera guerrillera. Creo que la constancia con la cual hemos hecho llegar las actualizaciones de nuestro trabajo a la gente, han hecho que logremos cierta credibilidad a raíz de la producción sistemática y de la buena recepción por parte del público y la prensa, sobre todo extranjera.